Experiencias motivadoras
La historia de Camila
Hace cinco años decidí aprender francés en España, donde he vivido durante una década.
Mis herramientas fueron las siguientes: un libro de gramática francesa, seis meses de clase (gracias a esto ultimo conocí numerosas páginas web con contenidos gramaticales, ejercicios y audiciones), algunos cederrones con ejercicios de pronunciación y reconocimiento de voz, lecturas constantes (libros, periódicos y revistas), algunos DVD, intercambios con hablantes nativos (tres) y tres años chateando en Internet. Viajé dos veces a París aunque en ninguna de las ocasiones me pude quedar mucho tiempo, pero al menos he adquirido un nivel de competencia en francés bastante aceptable y me siento cómodo hablando francés en casi cualquier situación. Chateando aprendí miles de cosas simplemente por imitación, y adquirí muchísima confianza y fluidez. Eso sí, debo señalar que durante los últimos tres años no he parado de practicar el francés a diario durante dos o tres horas y todavía continuo leyendo en esta lengua a diario. Creo que este grado de compromiso e implicación con la lengua que uno quiere aprender es un factor esencial para alcanzar los resultados deseados.
Esta experiencia personal prueba lo efectivas que pueden ser las charlas en línea como instrumento para aprender una lengua.
